Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me senté a escribir en este espacio, pero un acontecimiento muy especial me inspira a volver a las letras y compartirles una historia que trasciende las fronteras de mi pequeño país, Costa Rica, para llevarnos hasta el hermoso Estado de Veracruz, en el mágico y megadiverso México. Dado que esta aventura es de gran magnitud, he decidido dividir este relato en una serie de tres capítulos pajareros. Esta entrega inicial, se centrará en mis primeros tres días en este país, en que estuve explorando un festival de aves fascinante y descubriendo las increíbles especies que habitan en la encantadora comunidad de Chichicaxtle.
El motivo de mi visita a tierras mexicanas fue impartir una conferencia durante la inauguración del XIV Festival de Aves de Veracruz, un evento espectacular que reúne a gobiernos locales, organizaciones privadas y comunidades rurales para celebrar a las aves, promover su conservación y resaltar las oportunidades de coexistir en armonía con la naturaleza. En este primer día, aunque mis binoculares me acompañaron en todo momento, decidí dedicar esos instantes del viaje a lo más valioso de la experiencia, compartir con las personas y sumergirme en sus historias. Así que entre charlas llenas de aprendizaje y nuevas amistades, transcurrió el tiempo, dejando la pajareada relegada para los siguientes días.

“Formalmente” comenzó mi aventura observando aves en la mañana del Día 2, cuando desde muy temprano Kashmir Wolf (Coordinador del Programa de Veracruz Río de Rapaces) me esperaba para buscar una especie deslumbrante, que sólo vive en México. Nos trasladamos hacia un área más rural, hasta llegar a una carretera larga, rodeada de pastizales y árboles aislados. Entre los arbustos se encontraba una silueta tímida, casi imperceptible para el ojo no entrenado, se trataba del espectacular colibrí tijereta mexicano (Mexican Sheartail). ¿Qué mejor ave que una endémica para abrir y marcar el ritmo de la lista de mis lifers? Pronto me encontré rodeado de especies nuevas para mi listado vitalicio, como el loro de cabeza amarilla (Yellow-headed Amazon), el carpintero cheje (Golden-fronted Woodpecker) y la calandria dorso negro mayor (Altamira Oriole).

La mañana transcurrió, y amablemente Diana Vásquez, Ariadna Tobón y Diana Silva (con quienes tuve el honor de pajarear en diferentes momentos de la jornada) me ayudaron a desplazarme hacia las afueras de la Comunidad de Chichicaxtle, donde Pronatura Veracruz tiene instalado el Observatorio de Aves Migratorias Dr. Mario A. Ramos. Este es un lugar privilegiado para los amantes de las rapaces, ya que, gracias a su ubicación geográfica, funciona como un corredor natural para millones de gavilanes que migran desde Norteamérica año tras año. En este lugar se ubicaban las actividades del festival, por lo que estaba repleto de mesas informativas, espacios educativos, expresiones artísticas y pajareros por doquier, era un ambiente que me dejó encantado y sobre todo muy motivado para seguir en la búsqueda de las especies que deseaba conocer de la región.

El evento estaba tan emocionante que hasta la lluvia decidió acompañarnos, obligándonos a buscar refugio y esperar a que las nubes nos dieran una tregua para salir a caminar. Mientras esperaba desde la torre de observación, vi a lo lejos al colibrí vientre canelo (Buff-bellied Hummingbird), uno de los objetivos que deseaba conocer durante mi viaje. Para cuando se detuvo el diluvio, fui a recorrer un poco la zona y tuve la oportunidad de conocer a Erick García y su hermosa familia pajarera, quienes habían viajado desde Ciudad de México para observar el increíble fenómeno de la migración de rapaces. Por lo que me entusiasmó mucho cuando, juntos, vimos a lo lejos los enormes grupos de gavilanes y zopilotes que aprovechaban el cielo recién despejado para retomar sus movimientos migratorios.

Cerrando la tarde, todos los pajareros comenzamos a congregarnos en la torre de observación para disfrutar de las líneas de rapaces que surcaban los cielos. Avistamos enormes cantidades de aguilillas de Swainson (Swainson’s Hawk) y de zopilotes aura (Turkey Vulture), así como uno que otro halcón peregrino (Peregrine Falcon) y halcón esmerejón (Merlin). Fue un momento especial, en el que el asombro, la curiosidad y el respeto por estas aves de rapiña imperaban entre los presentes. Éramos testigos de un evento magnífico, único, que solo la naturaleza y su grandeza nos podía ofrecer.

Casi al finalizar la jornada, pude reunirme con mi amigo Alberto Lobato (de Crónicas del Chivizcoyo), que no veía desde su visita a Costa Rica y a quien me alegró mucho saludar. Estaba distraído revisando unos árboles cuando lo escuché decir “Setophaga americana”. Sentí un golpe de adrenalina, ya que justamente ese era uno de los parúlidos que deseaba conocer. Corrí hacia el punto que me señalaron y, para mi suerte, pude avistar un macho de este increíble chipe pecho manchado (Northern Parula), convirtiéndose en mi último lifer de este día tan provechoso y lleno de emociones.
Al día siguiente, Aldo Cadena y Fello Beltrán me invitaron, junto a otros pajareros, a ir a explorar algunos puntos cercanos a la zona de Puente Nacional. Esto era muy oportuno para mí, ya que me permitiría conocer mejor los alrededores y buscar especies que se me habían escabullido previamente.
No pasó mucho tiempo para darme cuenta de que las verdaderas protagonistas de ese día serían las matracas (sotorreyes). No habíamos llegado al sitio previsto, cuando nos sorprendió el canto de un saltapared barranqueño (Canyon Wren), que se encontraba posado en el tejado de una casa antigua. Poco tiempo después, a escasos metros de nosotros, apareció la matraca tropical (Band-backed Wren, ssp. zonatus), que se movía entre las marañas presentes en los jardines de las viviendas del poblado y para cerrar con broche de oro ese pajareo estacionario, antes de subirnos al auto nos encontramos con un cuclillo manglero (Mangrove Cuckoo), un ave que resultó nueva para varios integrantes del grupo.

Con la energía que nos dejó aquel momento, continuamos hacia un interesante bosque caducifolio que bordeaba zonas abiertas, como potreros y áreas de cultivo. Era un mosaico de hábitats que ofrecía un abanico de oportunidades para avistar especies migratorias boreales, tales como los vireos gorjeadores (Warbling Vireo) y los vireos de ojos blancos (White-eyed Vireo), ambos lifers para mí. Sin embargo, la joya del día fue el encuentro con un grupo de matracas veracruzanas (Veracruz Wren). Un troglodítico endémico que sentía la obligación de conocer, por la importancia que representa para el aviturismo de la región.

Al finalizar nuestro recorrido, y como una forma de cierre de mi estancia en la comunidad de Chichicaxtle, fuimos a comer unos deliciosos tacos entre amigos. Fue un momento simbólico que atesoraré, una muestra más del cariño y la gentileza con que me recibió la comunidad pajarera de esta zona, a quienes estoy profundamente agradecido. Por la tarde, abordé un autobús rumbo a la Ciudad de Xalapa, sitio que se convertiría en mi base para explorar y descubrir nuevos sitios de observación de aves durante los siguientes días.

Antes de finalizar esta Parte I de mi Crónica por México, quiero expresar mi más sincero agradecimiento a todas las personas y organizaciones que hicieron posible este viaje y que me brindaron un espacio para compartir y que me regalaron su calidez en cada momento de mi estancia en este hermoso país. Agradezco especialmente a Kashmir, Diana, Aldo, Fello, Alberto, a los chicos de Veracruz Río de Rapaces, al equipo de Pronatura Veracruz, a la Secretaría de Turismo del Estado de Veracruz, a mis compañeros conferencistas y a cada persona pajarera del festival con la que tuve el placer de compartir.
En la segunda entrega, continuaré con más aventuras pajareras de los siguientes días en México, centradas en el Municipio de Perote y en sus impresionantes bosques de gran altitud y matorrales xerófilos. ¡Nos vemos!
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