Hay viajes que parecen terminar demasiado pronto, en los que desearíamos tener más tiempo para descubrir y disfrutar la esencia de una región. Poder detenerse y sumergirse en los detalles de sus paisajes y en conocer de lleno la biodiversidad que los habita. Con esta pequeña reflexión, damos inicio a la tercera y última entrega de mi crónica por tierras mexicanas «consultar Parte I y/o Parte II». Una narrativa que abordará las vivencias de mis días cinco y seis en este maravilloso país. En el que recorremos distintos municipios del Estado de Veracruz y una asombrosa variedad de ecosistemas que nos llevarán al encuentro de especies de aves fascinantes y únicas.
Esta travesía dio inicio en el Municipio de Acajete, donde, junto a Gustavo y Johan (a quienes quizá recuerden de la crónica anterior), emprendimos el camino desde muy temprano rumbo a los cautivadores bosques nubosos de elevaciones intermedias. Un entorno cubierto por una niebla espesa, donde los musgos y plantas epífitas tapizan los troncos y ramas, creando un entorno de ensueño. Al inicio de la caminata el ambiente fue sereno, con poca actividad y una soledad que imperaba entre los árboles. No obstante, una bandada mixta rompió la monotonía del momento, obsequiarnos un espectáculo de vuelos y colores, que trajo consigo dos especies de aves nuevas para mí, el colibrí garganta amatista (Amethyst-throated Mountain-Gem) y el chipe cejas doradas (Golden-browed Warbler).

También pudimos observar al chinchinero común (Common Chlorospingus spp ophthalmicus) y al pavito alas negras (Slate-throated Redstart spp molochinus). Pájaros muy diferentes visualmente a las poblaciones que conozco en Costa Rica, lo cual me llamó profundamente la atención. El chinchinero presentaba una cabeza más oscura y una raya postocular mejor definida, mientras que el pavito lucía un pecho rojizo intenso, en contraste con el amarillo predominante de las poblaciones costarricenses. Estas diferencias, aunque sutiles, me recuerdan la importancia de observar con atención, pues en estos contrastes se refleja la historia evolutiva y la diversidad avifaunística de una zona.
Antes del mediodía visitamos el Parque Ecológico El Haya, un espacio periurbano en el Municipio de Xalapa-Enríquez, que solo puedo describir como un verdadero paraíso para la observación de colibríes. Estos pequeños animales brotaban en todas direcciones, apoderándose de las inflorescencias y revoloteando frenéticamente entre ellas. Fue un momento sumamente provechoso para mi listado personal, pues tuve la oportunidad de ver al temperamental colibrí magnífico (Rivoli’s Hummingbird), el gigante fandanguero mexicano (Wedge-tailed Sabrewing) y al vistoso colibrí corona azul (Azure-crowned Hummingbird). Un verdadero despliegue de iridiscencias y acrobacias, algo digno de admirar una y otra vez.

Por la tarde nos concentramos en el Parque Ecológico Cerro de Macuiltépetl, un oasis en medio de la matriz urbana de la ciudad. Este sitio tiene la particularidad de ser un cono volcánico extinto, por lo que sus senderos ascienden y bordean sus laderas. Algo que nos sorprendió de inmediato fue la gran cantidad de migratorios boreales que aprovechan este espacio, principalmente parúlidos. En total, logramos registrar catorce especies de esta familia, entre las que destacan el chipe cabeza gris (Nashville Warbler), los chipes de Magnolia (Magnolia Warbler) y un curioso chipe encapuchado (Hooded Warbler), un lifer más para mí.

No todo fueron aves pequeñas, ya que el momoto corona azul (Blue-capped Motmot) y la chara verde (chara verde) se hicieron presentes durante el recorrido. Pero el objetivo real de nuestra visita a este refugio natural era encontrar el tímido mulato azul (Blue Mockingbird). Un sinsonte endémico de México. Sin duda, fue la especie que más me costó observar durante todo el viaje, ya que en varias ocasiones apenas logré distinguir su silueta sin poder enfocarlo con los binoculares ni apreciar su característica máscara negra. Fueron momentos de frustración, hasta que, cuando ya nos estábamos retirando, Johan señaló a un individuo entre la maraña, al que por fin pudimos observar con claridad y apreciar en detalle. Cerrando una jornada llena de colibríes, de chipes y de un asombroso mulato.

Para el día siguiente (Día 6), se unió a nuestro equipo pajarero Joshua Saavedra para visitar el Municipio de Emiliano Zapata. La mañana la dedicamos al Cerro de Tepeapulco, un paisaje cálido con áreas abiertas y un interesante bosque de selva baja. Este nos permitió observar al colibrí berilo (Berylline Hummingbird) y al chipe gorra canela (Rufous-capped Warbler). Íbamos subiendo la montaña cuando nos topamos con un gran grupo de aves forrajeando en la zona, entre las cuales se encontraba el carbonero cresta negra (Black-crested Titmouse). Este herrerillo, fácilmente localizable dentro de la bandada por su tamaño, me cautivó por su forma tan singular y su divertido “copete”, siendo una de mis aves favoritas del viaje.

Después del almuerzo, nos enfocamos en los pastizales cercanos a la Laguna Miradores, un panorama ventoso, con algunas líneas de árboles que delimitaban las propiedades y arbustos que predominaban en el terreno. De manera gradual fueron apareciendo los emplumados, entre ellos el carpintero mexicano (Ladder-backed Woodpecker) y el escurridizo zacatonero de Botteri (Botteri’s Sparrow), con los que cerré una gran cantidad de especies nuevas para mi listado vitalicio. Ya de regreso a la ciudad, y como una forma de despedida, fuimos a cenar unos deliciosos tacos, algo que haría todas las veces que pudiera. Allí celebramos una expedición exitosa y llena de alegrías, cerrando así mi último día de pajarero en tierras mexicanas.

Antes de finalizar esta Parte III de mi Crónica de México, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a todas las personas que me acompañaron durante el viaje. Su gentileza y hospitalidad fueron ingredientes esenciales para que esta aventura se convirtiera en una experiencia absolutamente especial. Así como agradezco el apoyo de Pronatura Veracruz y la la Secretaría de Turismo del Estado de Veracruz que hicieron posible esta travesía.

Pude observar muchas aves espectaculares durante mis días en este país, pero esas observaciones no tendrían el mismo valor sin el cariño de mis nuevos amigos mexicanos, la belleza de los paisajes que exploramos y la riqueza cultural de cada comunidad que tuvimos la dicha de visitar.